Las mejores frases de El faro del fin del mundo

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El faro del fin del mundo de Verne, Julio

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Frases de El faro del fin del mundo

Kongre, Carcante y una media docena de compañeros subieron a bordo, en tanto que los otros se retiraban hacia el interior. Ahora sólo había que esperar. Las circunstanciar favorecían los propósitos de Kongre. La brisa ayudaría poner a flote la Maule

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-Y bien, Vázquez -dijo el más Joven de los dos-, ¿Es mañana cuando zarpa el «aviso»? -Si, Felipe, mañana mismo, y espero que no tendrá mala travesía para llegar al puerto, a menos que no cambie el viento. Después de todo, quinientas millas no es ninguna cosa extraordinaria, cuando el barco tiene buena máquina y sabe llevar la lona

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La chalupa partió en la mañana del 14 de enero. El reflujo se hacía sentir intensamente. El tiempo era bastante bueno. Los rayos del sol se filtraban entre las nubes, que una ligera brisa empujaba hacia el sur

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-Es verdaderamente duro -dijo el capitán-; sin embargo, hay que tener en cuenta que esta pobre gente había llevado siempre una existencia dura, la existencia de los marinos. Para ellos, el servicio del faro es un reposo relativo

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En el momento que el disco solar mostraba solamente su parte superior, un cañonazo resonó a bordo del «aviso» Santa Fe, y el pabellón de la República Argentina flameó

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-¡Si -exclamó el bandido al unirse con Kongre en la caverna-, el diablo acaba de encender ese maldito faro que el infierno extinga!...

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Si el viento hubiera soplado del sur, la Maule hubiese estado más expuesta en este lugar, donde el mar es tan violento como en el cabo de Hornos cuando lo agitan las tempestades polares. Pero el tiempo parecía sostenerse con brisa nordeste, y la suerte continuaba favoreciendo los proyectos de Kongre y los suyos

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-¿Qué vienen a hacer? -se preguntó Vázquez. ¿Estarán buscándome? Estos miserables conocen ya la bahía y no es la primera vez que ponen el pie en la isla. No es para visitar la costa para lo que vienen hacia aquí. ¿Qué objeto se proponen, si no es apoderarse de mí?

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El Santa Fe se puso en marcha, saludado por los adioses de los tres torreros. Y si Vázquez y sus camaradas experimentaron una profunda emoción al ver partir el «aviso», no fue menor la sentida por los oficiales y tripulación al dejar a estos tres hombres en aquella isla de la extrema América

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Era el 16 de febrero. Vázquez, devorado por la impaciencia y la inquietud, quiso saber a qué atenerse. Así es que en cuanto hubo anochecido ganó la entrada de la bahía y remontó la orilla norte, dirigiéndose hacia el faro. Aunque la oscuridad fuese profunda, corría el riesgo de encontrarse con alguno de la banda que caminase por aquel lado

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Publicado: 02-04-2014

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